Los IV Mundiales de la Policía se convirtieron en el escenario idóneo para que Laura Román pudiera disfrutar de las playas y el chicharrón de la República Dominicana. Ni la pérdida de su pasaporte ni un vuelo reprogramado a última hora —que la hizo llegar el viernes, un día después que el resto de sus compañeras— pudieron frenar a la oficial inspectora y voleibolista paraguaya.
Nativa de un país que, junto a Bolivia, es de los únicos dos paíse de América del Sur que no tienen litoral marítimo, Laura ya tenía referencias de las playas de Punta Cana.
Su delegación tuvo la suerte de arribar el jueves por ese aeropuerto, tres días antes de la ceremonia de apertura de la justa que reúne a unos 600 policías de 32 naciones.
Cuando finalmente se unió al grupo, hospedado en un resort de la zona, la prioridad estuvo clara: “Como Paraguay no tiene salida al mar, no le hicimos tanto caso a las piscinas del hotel. Fuimos directo a la playa”. Así relata, con evidente entusiasmo, su inédita experiencia en el paradisíaco litoral del principal polo turístico del país.
“Es un maravilloso lugar… no en vano a la República Dominicana se le dice el paraíso del Caribe. Todo es muy lindo, la gente es muy cálida y amable”, enfatiza al elogiar la hospitalidad que ha encontrado. “Es imposible no llevarse un hermoso recuerdo de este país”.
Su opinión sobre la gastronomía local tampoco se queda atrás: “Quedé muy conforme con la variedad de comidas y los distintos sabores. No me quise quedar con las ganas de probar los diferentes platos… todo estuvo delicioso”.
De todo lo que consumido, incluido el tradicional mangú con los tres golpes, el chicharrón encabeza su lista de favoritos. Lo pudo degustar gracias a un colega policía dominicano que le sugirió probarlo y la condujo a uno negocio ubicado en las afueras del complejo hotelero.
“En realidad, el chicharrón ha sido lo mejor. Me ha gustado bastante”, responde Laura sobre un manjar que también existe en Paraguay, pero con una preparación muy diferente.
Tras esta experiencia, la atleta y policía ya prometió volver el próximo año junto a su esposo, Juan Carlos Quiroga, y sus hijos, Carlos David y Juan Ángel, de 13 y 11 años.
Al preguntarle a la nativa de Asunción, capital de Paraguay, cuál es el mejor recuerdo que se llevará de esta primera visita, concluye con una sonrisa: “Aparte del paisaje natural, que es maravilloso, y de sus sabores, me quedo con la gente, su atención y su amabilidad”.
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